Escribía cartas y las mandaba, miraba al horizonte y cerraba los ojos, fumaba y no me tragaba el humo... Solía hacer muchas cosas que ahora ya no hago, solía morderme las uñas, guiñar los ojos a los niños pequeños, pintarme las manos imaginándome otro mundo irreal, solía esperar, nada más, esperar algo que cambiase todo por completo, algo radical; no se si lo conseguí, pero aquí estoy, libre, en un acantilado, frente a una eternidad infinita y lo único que se me viene a la cabeza es esa piedra del segundo ladrillo en la que dejé grabadas esas palabras: "la vida es otro pequeño escalón más del ser humano".
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Esperaba esto. |
(Foto de María López-Andreu)
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Resquicio de nuestros gritos.